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Three libros

Un paseo por la cuesta de Moyano, próxima parada: Retiro, al calor de los primeros rayos de sol que luchan por hacerse un hueco en este interminable invierno. Desentrañando secretos entre los libros que se venden, a saber...a un euro, a uno y medio....variable, en función de la huella que ha dejado el tiempo sobre ellos. Imaginar a quién han pertenecido esos libros y cómo han llegado hasta allí es un ejercicio casi obligado cuando uno se topa con estos puestos. Se encuentran verdaderas maravillas, como el Decamerón a precio de una barra de pan, catálogos antiguos de Velázquez, Goya...no importa que las reproducciones sean malas, el Museo del Prado está a tres pasos desde ahí...y un sinfín de títulos, con ediciones bastante aceptables, de autores contemporáneos. Busco algo que me llame la atención, que me entre por los ojos, por el motivo que sea, no sin cierta incertidumbre, valga la contradicción, sin saber muy bien...Historia de No....parece interesante, el título es atrayente, sin duda....aunque finalmente descubrimos que lo es porque recuerda a Historia de Ô....Rebelión en la granja....Memorias de Juan de Borbón...y por fin, primeros hallazgos: Luis Antonio de Villena y su dulce lamento sobre la pérdida de la juventud...Carlos Fisas, y su Historias de la Historia, disección pura de los cotilleos más divertidos de nuestros antepasados...y el último, Dos Letters, de Bernardo Atxaga, lo rescato de entre dos tomos enormes, pues es bastante pequeño. Lo hojeo, y descubro varios garabatos en sus primeras y últimas páginas, aunque una vez abierto me doy cuenta de que no sólo están ahí, si no también encima de las palabras, en los márgenes de las páginas...además, en la primera página dos nombres escritos con letra infantil...me lo llevo también. Y una vez en casa, de noche, lo abro, y descubro una lectura sagaz, divertida, la historia de un abuelo vasco que emigró a Idaho, donde se dedicó a cuidar un rebaño de ovejas americanas, y que escribe una palabra en inglés de cada diez o quince en castellano. Qué entrañable abuelo, de incipiente alzheimer, por cierto, que se siente todo un héroe por haber sobrevivido a todos sus seres queridos...con él me fui a dormir, y soñé que paseaba junto a él por el jardín botánico, acompañados los dos de un rebaño de ovejas de largas lanas....Libros que te invitan a sonreir. Hoy ha vuelto a cubrirse el cielo; seguramente en la cuesta de Moyano haya menos gente que ayer, aunque ellos seguirán allí, asomándose entre mesas de contrachapado y cartones, esperando que una mano amiga vuelva a garabatear sobre ellos.

El río

Cuando se empieza a leer un libro no siempre hay por qué terminarlo; ésta es una de las cosas que hacen que poco a poco vayamos adquiriendo cierto criterio, pues no todo lo que está escrito tiene que satisfacer lo que cada uno busca en la lectura. Al fin y al cabo, nada escapa al sentido utilitarista, aunque éste no sea de tipo material. Hay quien busca aventura en las páginas en las que se zambulle; hay quien ansía soñar con una vida paralela, recrearse en la fantasía; hay quien, al contrario, busca sentirse identificado, ver reflejado su rostro, o su alma, en ese espejo de papel...Hay quien busca todo al mismo tiempo, y quien no buscaba nada concreto, pero algo encontró...existen tantas expectativas en la literatura como podamos imaginar.

Recuerdo que al comenzar a leer Siddharta, hace como un año y medio, me ví de nuevo capturada por ese misticismo por el que me había sentido atraída cuando tenía 17 o 18 años, y quise escapar corriendo de él, como quien escapa de aquéllo que rechaza pero al mismo tiempo admira, porque no comprende, porque se siente extranjero, porque empequeñece ante su presencia. Así que tuve el impulso de volver a dejar el libro en la estantería de donde lo había sacado.

Pero con el transcurso de la lectura, me olvidé de todo lo que hasta ahora me había provocado ese rechazo. Pues en el viaje de Siddharta, que es un viaje de ida y vuelta sobre sus propios pasos, sobre sus propios errores, anhelando la sabiduría y despojándose después de ella, haciéndose poseedor de todas las riquezas, y volviendo de nuevo a no tener nada, ser dios para luego volver a ser hombre, está recogida la esencia de cualquier ser humano, sin importar demasiado el lugar del que procede o lo pequeño que pueda llegar a ser.

Yo nada buscaba en esa lectura, y encontré que, al igual que él, me había sentido extrañamente cercana a ese río, mirando cómo el agua se tropieza con las piedras, cómo alcanza una meta para luego conseguir otra, cómo en ella fluyen todas las cosas... Al parecer, el agua también va a tientas...