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Tina Modotti

De nuevo, una mujer fotógrafa...quizá porque en la mirada de la mujer me siento más cómoda...porque, en secreto, quisiera ser como ella...porque merece un alto en este caminar a tientas... o, simplemente, porque me gusta contemplar sus fotografías, algunas pausadas, delicadas, retratos de lo cotidiano; otras más enigmáticas, abstractas, construcciones geométricas en espacios extraños. Me hablan estas imágenes de una doble visión: la emocional, la vinculada al sentimiento, la que narra historias, y la racional, la que investiga, la que juega con la percepción.




De donde no se vuelve



“La fotografía es un poderoso médium. Nos lleva al otro lado de la vida. Y allí, atrapados en su mundo de luces y sombras, siendo sólo presencia, también vivimos. Inmutables. Sin penas. Redimidos nuestros pecados. Por fin domesticados… Congelados. Al otro lado de la vida, de donde no se vuelve”.

Alberto García-Alix [MNCARS 5/11-16/2]

De lo invisible

Sucede que la vida, como el trueno, que sólo viene con la lluvia, se compone de efímeros instantes que desaparecen tras un parpadeo, no volviendo nunca más a repetirse. Sucede además que estos instantes vienen cargados, como las nubes de agua, de infinitos y sutiles detalles cuya percepción se escapa al más despreocupado, incapaz de ver otras realidades distintas de la suya.
Por suerte, existen personas que no sólo se detienen a observar, si no que además se toman la molestia de capturar esas impresiones de lo invisible para compartirlas con los demás.
Que lanzan su mirada sobre las cosas [ya sean gigantescas o microscópicas], haciéndolas protagonistas de imágenes que podemos guardar en nuestra memoria y recuperarlas cuando estemos a punto de olvidar...
...olvidar que vivimos rodeados de matices, de volátiles partículas, de luces, de colores, de texturas, de perfumes...
...en definitiva, olvidar que estamos vivos.
Así son las fotos de Javier González Roces. Aquí dejo una muestra de lo sencillo que resulta hacernos dueños de su mirada, como sencillo es lo que en ellas aparece.














[Las imágenes aquí mostradas poseen copyright y son propiedad de su autor. Por tanto no podrán ser utilizadas sin su consentimiento expreso: www.javiroces.es]

Gerda Taro

Que la mujer es un ser invisible en la Historia del Arte es tan obvio como reconocer que esa Historia sería contada de forma bien distinta si en ella se incluyera a todas aquellas artistas que con su obra, y por extensión, con su vida, arrojaron una visión alternativa a los acontecimientos que les tocó vivir. Y que la mirada femenina existe, es otra obviedad en la que, desde las cátedras de la Universidad, desde las páginas de los libros, desde los museos y centros de arte, se ha caído esta mañana. Es tan alargada la sombra del androcentrismo, que, aún habiendo mujeres con el mismo o superior genio que sus coétaneos, permanecen a la espera de ser redescubiertas.
Gerda Taro es conocida por ser la compañera sentimental de Robert Capa, con quien viajó a España a cubrir la información gráfica sobre la Guerra Civil. En el amor y en la fotografía, estuvieron unidos hasta que un tanque atropelló a Gerda en la carretera que unía Brunete con Madrid en 1937, y que debió estar cerca de la zona en la que vivo en la actualidad. Esto no hace si no alimentar más mi curiosidad por ella... Reivindicar su figura me parece un acto de justicia poética. Pero, aunque hubiera muerto en la carretera que une Santiago con Coruña, me seguiría sintiendo fascinada por la vida de esta mujer, que, por compartir cámara con su amado Robert, se quedó sin el reconocimiento que merecía.
Aquí queda mi minúsculo homenaje a esas artistas que, aún a tientas , siguieron avanzando.




[Las fotografías han sido tomadas de:
www.icp.org/museum/exhibitions/gerda_taro]